lunes, 4 de abril de 2016

La Preguntona - Patricio Manns/Horacio Salinas (1.987)





Del Álbum "FRAGMENTOS DE SUEÑOS"

1.987



Cuando los militares latinoamericanos empezaron a utilizar la práctica de la desaparición forzada de personas como un método represivo, creyeron que habían descubierto el crimen perfecto: dentro de su inhumana lógica, no hay víctimas, por ende, no hay victimarios ni delito.



La práctica de la desaparición forzada surgió en América Latina en la década del sesenta.



Con algunos antecedentes mucho más atrás en el tiempo -como la desaparición de cadáveres en El Salvador en 1932, tras las masacres perpetradas por el régimen de Hernández Martínez-, el método como tal principia a configurarse en Guatemala entre los años 1963 y 1966.



Desde el primer momento, las desapariciones forzadas mostraron los signos de lo que a través de los años llegó a constituir el método principal de control político y social en ese país: impunidad y absoluta transgresión de las leyes más elementales de convivencia humana.



A lo largo de dos décadas, el método se extendió a El Salvador, Chile, Uruguay, Argentina, Brasil, Colombia, Perú, Honduras, Bolivia, Haití y México.



Producto de una política continental de dominación, las desapariciones no son un rasgo exclusivo de las dictaduras militares. Países como México, Colombia y Perú, con gobiernos civiles electos, son o han sido escenarios de la misma. Asimismo, sus objetivos se reflejaron una vez más en las desapariciones ejecutadas en Nicaragua, haciendo víctimas en ese país tanto a aquellos que desarrollaron una labor política, social o cultural en favor del gobierno revolucionario, como a los militantes contrarrevolucionarios.



Dónde estará Higinio Muna

vaquiano de trueno y rayo

que mataba de a caballo

bajo su buena fortuna

hasta que lo arqueó la luna.



Dónde paró Rosa Cuecho

la del calzón amarillo

que se fajaba los pechos

hasta que se hizo un ovillo

contra el fulgor de un cuchillo.



Cual habrá sido el anclaje

del que torcía los ríos

del que oficiaba los gajes

de la cruz y los corajes

de los que hilaron con frío

la mortaja de su viaje.

Qué fue de Ascanio Zarzalla

que amarró una nube al sueño

soldó el sueño a su metralla

y la metralla al empeño

hasta pasarse de agallas.



Habrán matado Balbina

cargo de pulso profano

que con hilos de neblina

y una aguja en cada mano

cosió su rabia al paisano.



Pero quién la luz entona

pero quién la sombra puebla

no preguntes, Preguntona,

que hubo sangre derramada

tras de tanta historia alzada,

tras de tanta tierra y niebla.