lunes, 3 de enero de 2011

LUCES ERRANTES

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Todos los beneficios que recaude esta canción serán destinados, íntegramente, a través de la Agencia de Naciones Unidas para los refugiados de Palestina, la UNRWA Comité Español, a los niños refugiados de la franja de Gaza. Ha sido este verano, un junio de algún vértigo azul recuperado y de fiebres cambiantes, cuando Ismael viajó a Ramala, donde grabó el tema acompañado por los coros de los niños y niñas del Conservatorio de Música Edward Said. Si todas estas palabras pueden activar la sensibilidad a cualquiera -Ramala, franja de Gaza, coro de niños, y también Edward Said, autor de las maravillosas, incisivas y duras Crónicas palestinas, que era además experto en Joseph Conrad-, la suma de valores, la letra de la canción, su melodía, es una explosión de júbilo y de fe en contra del cinismo que vivimos, de la desesperanza o del desánimo.

Hay que estar en contra del desánimo, de la desesperanza y del cinismo. Sobre todo, cuando parece ya que todas las batallas se han perdido. Es imposible escuchar esta canción, y atender a este coro de niños cuando entran y dan color y forma, sensibilidad y lenguaje, plasticidad sonora, en árabe, a esta nueva letra de Ismael, y continuar pensando que las cosas necesariamente acaban mal, aunque sea cierto. No es una canción escrita contra nadie: es una canción escrita a favor de estos niños, con esa lucha diaria por la supervivencia de los que ya han perdido casi todo, con la devastación bombardeada de cualquier mañana luminosa. Así, por encima del muro, un día muchos niños de la franja de Gaza quisieron dibujar otro nuevo futuro, y trataron de entrar en el libro Guinness con el mayor lanzamiento de cometas que se ha visto, por encima del muro. Todo esto cuenta la canción, por el encima del muro, la casa, el olivar. Todos esos niños, así, con esa fuerza.  Porque hay que creer en ellos, frente a los descreimientos: trata de escuchar su luz errante, como si todavía soñaras otra vida.