miércoles, 12 de mayo de 2010

MONSANTO Y LOS TRANSGENICOS

 


ENLACE PARA VER COMPLETO EL DOCUMENTAL EL FUTURO DE LA COMIDA


UN TEMA QUE NOS CONCIERNE A TODOS


www.tu.tv/videos/el-futuro-de-la-comida-2006-docu/


Monsanto es una empresa que provee de productos para la agricultura. Es conocida por producir el herbicida más vendido en el mundo bajo la marca Roundup. También es productor líder de semillas genéticamente modificadas.


A lo largo de su historia, Monsanto ha ido evolucionando en sus negocios. En sus inicios, en 1901 distribuían sacarina, para 1938 tenían negocios químicos como plásticos y resinas, en 1976 incursionaron en el negocio de los herbicidas y en 1981 se sumaron a la carrera biotecnológica. En el año 2000 contribuyó a descifrar el código genético del arroz, y anunció que la información obtenida en la investigación sería compartida con la comunidad científica mundial.


Historia


Monsanto fue fundada en St. Louis, Missouri, Estados Unidos en 1901. Su fundador, John Francis Queeny, un químico veterano de la industria farmacéutica, fundó la compañía con capital propio. Dio a la compañía el nombre de soltera de su esposa Olga Méndez Monsanto.


Monsanto se dedica en la actualidad principalmente a la produccion de herbicidas y de semillas genéticamente modificadas (alimentos transgénicos).


En sus primeros años, Monsanto distribuyó sacarina. También proveyó de endulzantes a Coca-Cola, haciéndose uno de sus principales proveedores.


En la década de 1920, la Monsanto expandió sus negocios para la química industrial, como por ejemplo ácido sulfúrico. En la década de 1940, ya era líder en la fabricación de plásticos, incluyendo poliestireno y fibras sintéticas.


En 1938 Monsanto adquirió a Fiberloid Corp y el 50% de Shawinigan Resins, empresas que fabricaban plásticos y resinas .


Desde entonces, se consolidó cómo una de las 10 mayores compañías químicas norteamericanas. Durante algún tiempo, tuvieron negocios relacionados con Searle, quien fabricaba aspartame (NutraSweet) pero en el 2000 Monsanto vendió ese negocio. También tuvieron un negocio enfocado a la somatotropina bovina, que fue luego vendido en 2008.


Monsanto sintetizó la hormona somatotropina bovina. Existen diversos puntos de vista respecto a este producto, ahora propiedad de Eli Lilly.


En Europa, los alimentos transgénicos, principal actividad actual de Monsanto, encuentran gran resistencia entre la poblacion y los agricultores, que no consideran probada su seguridad para la salud humana.


El cultivo de dichos alimentos transgénicos es practicamente inexistente en el territorio de la Union Europea con la unica excepción de España y Rumania.


Controversia


Monsanto ha sido y sigue siendo una de las empresas que ha creado más controversia a nivel mundial debido al peligro potencial o real de sus productos sobre la salud humana, animales, plantas y sobre el medio ambiente en general.



  • En la década de los 60's Down Chemical, Uniroyal, Hercules, Diamond Shamrock, Thompson chemical, TH y Monsanto fueron contratadas por el gobierno de Estados Unidos para producir un herbicida llamado agente naranja utilizado en la guerra de Vietnam con el fin de destruir la vegetación y cosechas privando a los Vietnamitas de las cosechas para alimentarse y vegetación donde esconderse. El agente naranja fue un potente químico que causó entre la población Vietnamita unos 400.000 muertos y unos 500.000 nacimientos de niños con malformaciones, además de las bajas en el propio ejército norteamericano[1] Debido a que el artículo 38 de la Constitución de los Estados Unidos prohíbe a los veteranos de guerra demandar al gobierno por lesiones sufridas en la guerra, muchos afectados han intentado demandar a las compañías químicas, quienes en un inicio fabricaron el agente naranja como un herbicida de uso agronómico y no bélico. El gobierno de Estados Unidos ha tratado de evadir su responsabilidad fincándola en las empresas a quienes ellos utilizaron para producir este químico.


  • Monsanto fue productor de la hormona sintética somatotropina bovina (o rGHB recombinante). Existen estudios científicos[2] que tratan de probar que la hormona provoca cambios significantes en la biología de las vacas (mastitis, esterilidad, y un aumento de la hormona del crecimiento y de otras hormonas en la leche producida) y también existen estudios que tratan de probar lo contrario, que la hormona es inocua.[3] Debido a esta divergencia de opiniones, la leche de vacas tratadas con rGHB está permitida para su comercialización en Estados Unidos, México, Brasil, Rusia, Corea, Colombia, Egipto, Costa Rica, Emiratos Árabes Unidos, Israel, Honduras, Kenya, Jamaica, Perú, Nambia, Eslovaquia, Turquía, Sud-África y Zimbabwe, pero está prohibida en Canadá y la Unión Europea, quienes afirman que la hormona puede causar daños. Grupos de protección al consumidor en Estados Unidos pidieron que se pudiera etiquetar la leche de vacas tratadas, sin embargo el Gobierno de los Estados Unidos denegó la petición en un inicio y grupos de activistas atribuyeron esto a políticas de Monsanto, quien habla sobre esto en un comunicado.[4] La negativa del gobierno a esta iniciativa no permitía al consumidor distinguir entre una u otra leche. Después de crecientes peticiones por grupos activistas de protección al consumidor se permitió el etiquetaje de la leche de vacas no tratadas, con la condición de añadir en la etiqueta la información obtenida por los científicos de la Food and Drug Administration (FDA) quienes llegaron a la conclusión de que "la leche de vacas no tratadas con la rGHB no muestra diferencias significativas con la leche de vacas tratadas."


  • En el año 2007 Monsanto fue multado por anunciar que su herbicida Roundup era biodegradable y no tóxico para los animales domésticos y los niños, y la Unión Europea ha clasificado al herbicida de Monsanto como no biodegradable.[5] aunque por otro lado, Estados Unidos a través de la directiva 1999/45/EC lo clasifica como "no peligroso". No obstante, Monsanto tuvo que retirar la palabra Biodegradable de su producto y cambiar su publicidad, para poder continuar comercializándolo. Dos trabajos realizados por la CNRS en el 2004 y 2005[6] demostraron que el compuesto activo del herbicida Roundup estaba relacionado con el cáncer causando desregulaciones en el ciclo celular[7] Las concentraciones usadas en campos de cultivo son entre 500 y 4000 veces más elevadas que la concentración necesaria para causar alteraciones en el ciclo celular.


  • En 1935 Monsanto absorbió a la empresa que comercializaba Policloruro de bifenilo (PCB) desde 1927, Swann Chemical Company (inicialmente Anniston Ordnance Company). En su época, el PCB fue un producto útil que tenía gran estabilidad térmica biológica y química, así como una elevada constante dieléctrica. Por sus características anti-inflamables, la mayoría de los aceites dieléctricos con PCB's se usaron fundamentalmente en áreas con alto riesgo de incendio, tales como plantas industriales, en transporte colectivo de tracción eléctrica (tranvías) y en la industria petroquímica sin embargo, tras los avances de la ciencia, se prohibió el uso de PCB en 1970, tras descubrir que se trataba de un agente contaminante para el medio ambiente, según el programa de las Naciones Unidas.


  • El documental El futuro de la comida hace una crítica sobre las políticas de Monsanto.[8] Monsanto ha hablado sobre muchas de las situaciones que trata el documental y también ha expuesto su punto de vista.[9] También se exponen algunas críticas sobre Monsanto en el documental La guerra de los cultivos transgénicos (2004)[10] y The Corporation, incluyendo la polémica de Monsanto y su poder sobre los medios.

Convicciones de Soborno en Indonesia


En enero de 2005, Monsanto acordó pagar una multa de $1.5m por sobornar a un funcionario indonesio. Admitió que un alto directivo de la empresa ordenó a una compañía consultora indonesia dar un soborno de $50.000 a un funcionario de alto nivel en el Ministerio del Medioambiente de Indonesia en el 2002, a fin de evitar la evaluación del impacto ambiental sobre su algodón genéticamente modificado. Monsanto ordenó a la compañía disfrazar una factura para el soborno como "costos de consultoría". Monsanto también ha admitido pagar sobornos a varios otros altos funcionarios indonesios entre 1997 y 2002. La empresa hizo frente a cargas criminales y civiles del Ministerio de Justicia y la Comisión de Valores y Bolsas de Estados Unidos (SEC). Se acordó pagar $1m al Ministerio de Justicia y $500.000 al SEC para cumplir la multa de soborno y otras violaciones relacionadas.[11] .


El 5 de marzo de 2008 el acuerdo de procesamiento aplazado contra Monsanto fue negado con prejuicio (sin oposición por el Ministerio de Justicia) por la Corte de Distrito de los EE.UU. para el Distrito de Columbia, de tal modo indicando que Monsanto había conformado completamente con las condiciones del contrato.


 

















 


 


 


domingo, 9 de mayo de 2010

EL RUISEÑOR Y LA ROSA - OSCAR WILDE (Y QUE PASO CON EL AMOR???)

-Dijo que bailaría conmigo si le llevaba una rosa
roja -se lamentaba el joven estudiante-, pero no hay una solo rosa roja en todo
mi jardín.

Desde su nido de la encina,
oyóle el ruiseñor. Miró por entre las hojas asombrado.


-¡No hay ni una rosa roja en todo mi jardín!
-gritaba el estudiante.


Y sus bellos ojos se llenaron de llanto.


-¡Ah, de qué cosa más insignificante depende
la felicidad! He leído cuanto han escrito los sabios; poseo todos los secretos
de la filosofía y encuentro mi vida destrozada por carecer de una rosa roja.


-He aquí, por fin, el verdadero enamorado -dijo el
ruiseñor-. Le he cantado todas las noches, aún sin conocerlo; todas las noches
les cuento su historia a las estrellas, y ahora lo veo. Su cabellera es oscura
como la flor del jacinto y sus labios rojos como la rosa que desea; pero la
pasión lo ha puesto pálido como el marfil y el dolor ha sellado su frente.


-El príncipe da un baile mañana por la noche -murmuraba
el joven estudiante-, y mi amada asistirá a la fiesta. Si le llevo una rosa
roja, bailará conmigo hasta el amanecer. Si le llevo una rosa roja, la tendré en
mis brazos, reclinará su cabeza sobre mi hombro y su mano estrechará la mía.
Pero no hay rosas rojas en mi jardín. Por lo tanto, tendré que estar solo y no
me hará ningún caso. No se fijará en mí para nada y se destrozará mi corazón.


-He aquí el verdadero enamorado -dijo el ruiseñor-.
Sufre todo lo que yo canto: todo lo que es alegría para mí es pena para él.
Realmente el amor es algo maravilloso: es más bello que las esmeraldas y más
raro que los finos ópalos. Perlas y rubíes no pueden pagarlo porque no se halla
expuesto en el mercado. No puede uno comprarlo al vendedor ni ponerlo en una
balanza para adquirirlo a peso de oro.


-Los músicos estarán en su estrado -decía el joven
estudiante-. Tocarán sus instrumentos de cuerda y mi adorada bailará a los sones
del arpa y del violín. Bailará tan vaporosamente que su pie no tocará el suelo,
y los cortesanos con sus alegres atavíos la rodearán solícitos; pero conmigo no
bailará, porque no tengo rosas rojas que darle.


Y dejándose caer en el césped, se cubría la cara con
las manos y lloraba.


-¿Por qué llora? -preguntó la lagartija verde,
correteando cerca de él, con la cola levantada.


-Si, ¿por qué? -decía una mariposa que revoloteaba
persiguiendo un rayo de sol.


-Eso digo yo, ¿por qué? -murmuró una margarita a su
vecina, con una vocecilla tenue.


-Llora por una rosa roja.


-¿Por una rosa roja? ¡Qué tontería!


Y la lagartija, que era algo cínica, se echo a reír con
todas sus ganas.


Pero el ruiseñor, que comprendía el secreto de la pena
del estudiante, permaneció silencioso en la encina, reflexionando sobre el
misterio del amor.


De pronto desplegó sus alas oscuras y emprendió el
vuelo.


Pasó por el bosque como una sombra, y como una sombra
atravesó el jardín.


En el centro del prado se levantaba un hermoso rosal, y
al verle, voló hacia él y se posó sobre una ramita.


-Dame una rosa roja -le gritó -, y te cantaré mis
canciones más dulces.


Pero el rosal meneó la cabeza.


-Mis rosas son blancas -contestó-, blancas como la
espuma del mar, más blancas que la nieve de la montaña. Ve en busca del hermano
mío que crece alrededor del viejo reloj de sol y quizá el te dé lo que quieres.


Entonces el ruiseñor voló al rosal que crecía entorno
del viejo reloj de sol.


-Dame una rosa roja -le gritó -, y te cantaré mis
canciones más dulces.


Pero el rosal meneó la cabeza.


-Mis rosas son amarillas -respondió-, tan amarillas
como los cabellos de las sirenas que se sientan sobre un tronco de árbol, más
amarillas que el narciso que florece en los prados antes de que llegue el
segador con la hoz. Ve en busca de mi hermano, el que crece debajo de la ventana
del estudiante, y quizá el te dé lo que quieres.


Entonces el ruiseñor voló al rosal que crecía debajo de
la ventana del estudiante.


-Dame una rosa roja -le gritó-, y te cantaré mis
canciones más dulces.


Pero el arbusto meneó la cabeza.


-Mis rosas son rojas -respondió-, tan rojas como las
patas de las palomas, más rojas que los grandes abanicos de coral que el océano
mece en sus abismos; pero el invierno ha helado mis venas, la escarcha ha
marchitado mis botones, el huracán ha partido mis ramas, y no tendré más rosas
este año.


-No necesito más que una rosa roja -gritó el ruiseñor-,
una sola rosa roja. ¿No hay ningún medio para que yo la consiga?


-Hay un medio -respondió el rosal-, pero es tan
terrible que no me atrevo a decírtelo.


-Dímelo -contestó el ruiseñor-. No soy miedoso.


-Si necesitas una rosa roja -dijo el rosal -, tienes
que hacerla con notas de música al claro de luna y teñirla con sangre de tu
propio corazón. Cantarás para mí con el pecho apoyado en mis espinas. Cantarás
para mí durante toda la noche y las espinas te atravesarán el corazón: la sangre
de tu vida correrá por mis venas y se convertirá en sangre mía.


-La muerte es un buen precio por una rosa roja -replicó
el ruiseñor-, y todo el mundo ama la vida. Es grato posarse en el bosque
verdeante y mirar al sol en su carro de oro y a la luna en su carro de perlas.
Suave es el aroma de los nobles espinos. Dulces son las campanillas que se
esconden en el valle y los brezos que cubren la colina. Sin embargo, el amor es
mejor que la vida. ¿Y qué es el corazón de un pájaro comparado con el de un
hombre?


Entonces desplegó sus alas obscuras y emprendió el
vuelo. Pasó por el jardín como una sombra y como una sombra cruzó el bosque.


El joven estudiante permanecía tendido sobre el césped
allí donde el ruiseñor lo dejó y las lágrimas no se habían secado aún en sus
bellos ojos.


-Sé feliz -le gritó el ruiseñor-, sé feliz; tendrás tu
rosa roja. La crearé con notas de música al claro de luna y la teñiré con la
sangre de mi propio corazón. Lo único que te pido, en cambio, es que seas un
verdadero enamorado, porque el amor es más sabio que la filosofía, aunque ésta
sea sabia; más fuerte que el poder, por fuerte que éste lo sea. Sus alas son
color de fuego y su cuerpo color de llama; sus labios son dulces como la miel y
su hálito es como el incienso.


El estudiante levantó los ojos del césped y prestó
atención; pero no pudo comprender lo que le decía el ruiseñor, pues sólo sabía
las cosas que están escritas en los libros.


Pero la encina lo comprendió y se puso triste, porque
amaba mucho al ruiseñor que había construido su nido en sus ramas.


-Cántame la última canción -murmuró-. ¡Me quedaré tan
triste cuando te vayas!


Entonces el ruiseñor cantó para la encina, y su voz era
como el agua que ríe en una fuente argentina.


Al terminar la canción, el estudiante se levantó,
sacando al mismo tiempo su cuaderno de notas y su lápiz.


"El ruiseñor -se decía paseándose por la alameda-, el
ruiseñor posee una belleza innegable, ¿pero siente? Me temo que no. Después de
todo, es como muchos artistas: puro estilo, exento de sinceridad. No se
sacrifica por los demás. No piensa más que en la música y en el arte; como todo
el mundo sabe, es egoísta. Ciertamente, no puede negarse que su garganta tiene
notas bellísimas. ¿Que lástima que todo eso no tenga sentido alguno, que no
persiga ningún fin práctico!"


Y volviendo a su habitación, se acostó sobre su
jergoncillo y se puso a pensar en su adorada.


Al poco rato se quedo dormido.


Y cuando la luna brillaba en los cielos, el ruiseñor
voló al rosal y colocó su pecho contra las espinas.


Y toda la noche cantó con el pecho apoyado sobre las
espinas, y la fría luna de cristal se detuvo y estuvo escuchando toda la noche.


Cantó durante toda la noche, y las espinas penetraron
cada vez más en su pecho, y la sangre de su vida fluía de su pecho.


Al principio cantó el nacimiento del amor en el corazón
de un joven y de una muchacha, y sobre la rama más alta del rosal floreció una
rosa maravillosa, pétalo tras pétalo, canción tras canción.


Primero era pálida como la bruma que flota sobre el
río, pálida como los pies de la mañana y argentada como las alas de la aurora.


La rosa que florecía sobre la rama más alta del rosal
parecía la sombra de una rosa en un espejo de plata, la sombra de la rosa en un
lago.


Pero el rosal gritó al ruiseñor que se apretase más
contra las espinas.


-Apriétate más, ruiseñorcito -le decía-, o llegará el
día antes de que la rosa esté terminada.


Entonces el ruiseñor se apretó más contra las espinas y
su canto fluyó más sonoro, porque cantaba el nacimiento de la pasión en el alma
de un hombre y de una virgen.


Y un delicado rubor apareció sobre los pétalos de la
rosa, lo mismo que enrojece la cara de un enamorado que besa los labios de su
prometida.


Pero las espinas no habían llegado aún al corazón del
ruiseñor; por eso el corazón de la rosa seguía blanco: porque sólo la sangre de
un ruiseñor puede colorear el corazón de una rosa.


Y el rosal gritó al ruiseñor que se apretase más contra
las espinas.


-Apriétate más, ruiseñorcito -le decía-, o llegará el
día antes de que la rosa esté terminada.


Entonces el ruiseñor se apretó aún más contra las
espinas, y las espinas tocaron su corazón y él sintió en su interior un cruel
tormento de dolor.


Cuanto más acerbo era su dolor, más impetuoso salía su
canto, porque cantaba el amor sublimado por la muerte, el amor que no termina en
la tumba.


Y la rosa maravillosa enrojeció como las rosas de
Bengala. Purpúreo era el color de los pétalos y purpúreo como un rubí era su
corazón.


Pero la voz del ruiseñor desfalleció. Sus breves alas
empezaron a batir y una nube se extendió sobre sus ojos.


Su canto se fue debilitando cada vez más. Sintió que
algo se le ahogaba en la garganta.


Entonces su canto tuvo un último destello. La blanca
luna le oyó y olvidándose de la aurora se detuvo en el cielo.


La rosa roja le oyó; tembló toda ella de arrobamiento y
abrió sus pétalos al aire frío del alba.


El eco le condujo hacia su caverna purpúrea de las
colinas, despertando de sus sueños a los rebaños dormidos.


El canto flotó entre los cañaverales del río, que
llevaron su mensaje al mar.


-Mira, mira -gritó el rosal-, ya está terminada la
rosa.


Pero el ruiseñor no respondió; yacía muerto sobre las
altas hierbas, con el corazón traspasado de espinas.


A medio día el estudiante abrió su ventana y miró hacia
afuera.


-¡Qué extraña buena suerte! -exclamó-. ¡He aquí una
rosa roja! No he visto rosa semejante en toda vida. Es tan bella que estoy
seguro de que debe tener en latín un nombre muy enrevesado.


E inclinándose, la cogió.


Inmediatamente se puso el sombrero y corrió a casa del
profesor, llevando en su mano la rosa.


La hija del profesor estaba sentada a la puerta.
Devanaba seda azul sobre un carrete, con un perrito echado a sus pies.


-Dijiste que bailarías conmigo si te traía una rosa
roja -le dijo el estudiante-. He aquí la rosa más roja del mundo. Esta noche la
prenderás cerca de tu corazón, y cuando bailemos juntos, ella te dirá cuanto te
quiero.


Pero la joven frunció las cejas.


-Temo que esta rosa no armonice bien con mi vestido
-respondió-. Además, el sobrino del chambelán me ha enviado varias joyas de
verdad, y ya se sabe que las joyas cuestan más que las flores.


-¡Oh, qué ingrata eres! -dijo el estudiante lleno de
cólera.


Y tiró la rosa al arroyo.


Un pesado carro la aplastó.


-¡Ingrato! -dijo la joven-. Te diré que te portas como
un grosero; y después de todo, ¿qué eres? Un simple estudiante. ¡Bah! No creo
que puedas tener nunca hebillas de plata en los zapatos como las del sobrino del
chambelán.


Y levantándose de su silla, se metió en su casa.


"¡Qué tontería es el amor! -se decía el estudiante a su
regreso-. No es ni la mitad de útil que la lógica, porque no puede probar nada;
habla siempre de cosas que no sucederán y hace creer a la gente cosas que no son
ciertas. Realmente, no es nada práctico, y como en nuestra época todo estriba en
ser práctico, voy a volver a la filosofía y al estudio de la metafísica."


Y dicho esto, el estudiante, una vez en su habitación,
abrió un gran libro polvoriento y se puso a leer.





miércoles, 5 de mayo de 2010

LEYENDAS Y MITOS LATINOAMERICA


LA LEYENDA SAGRADA DEL YURUPARI (Colombia)


El misionero javeriano Padre Diego Villa Pérez, remitió a ETHNIA esta leyenda que oyó contar varias veces a los aborígenes del Vaupés. Bajo el signo misterioso de la melancolía selvática y con el emblema del silencio y del misterio, se encuentran antiguas leyendas tan creídas y practicadas ahora, que da la impresión de ser algo real y nuevo en las mentes de los actuales y civilizados indígenas, rezago de antiguas creencias que hacen parte de su historia incógnita y oscura.
Si fuéramos a escribir todas y cada una de las leyendas indígenas que se entremezclan una en otro con siglos de historia y de vida, nos gastaríamos muchos años para recopilarlas y seria trabajoso, difícil y nada fácil, ya que las pocas que sabemos han sido relatadas con sigilo y temor, y las muchas de ellas nunca serán conocidas por nosotros, porque hacen parte de su sicología reservada y tímida, dando como resultado la absoluta imposibilidad para saberlas y escribirlas. Dando estos antecedentes, tímidamente me permitió informar una de esas leyendas principales que han andado siglos y siglos de boca en boca, por las malocas y en los caminos oscuros de la selva, como por los ríos caudalosos y los tranquilos caños, en los potrillos y en las hamacas, en la soledad y en los bulliciosos cachiríes de las tribus indígenas del Vaupés.

Común a todas las tribus de la selva amazónica, es tan fantástica leyenda que es el corazón del indígena; para el hombre su poder y para la mujer su inquietud y la muerte. Dice así la leyenda: ‘’En un principio había en la tierra dos personas: buenas y se llamaba TUPANA (en guaraní significa santo); hacia el bien, no gustaba de cosas que no servían ni menos parrandas y fiestas profanas. El otro personaje era YURUPARI, amigo de lo malo; juego, chicha, bailes y vivía de lejos de TUPANA. (la palabra yurupari, significa diablo en Guaraní). yurupari arrastraba para si mucha gente.

Contrariamente de Tupana tenia pocos seguidores; y las fiestas de yurupari hacían llevar al bando de la maldad a muchos secuaces. Un día TUPANA resuelve matar a yurupari por ser este quien tenia mas gente en su bando. Se hicieron a una hoguera grandísima y allí quemaron al yurupari con quien habían tenido tantas dificultades y enemistades. una vez hecho ceniza vinieron sus seguidores con gran tristeza y quedaron silenciosos ante semejante realidad; y no pudieron encontrar un solo hueso; todo él había sido hecho ceniza.

Pasaron muchos días, y en las cenizas retoño una palma llamada Pachuba (en lengua guaraní), y fue ella muy bonita por lo alta y recta. Vinieron al lugar mujeres y al mirar la palma hermosa, llamaron a los hombres para convenir con ellos tumbarla y formar con ella un instrumento que imitara la voz de Yurupari Este era el recuerdo viviente de Yurupari Tres pedazos de palma fueron suficientes para formar el antedicho instrumento que imito perfectamente la voz de Yurupari. Desde entonces las mujeres fueron poseedoras del gran Yurupari. Ellas lo tocaban cuando iban al baño en las mañanas; al oírse de lejos se decía que era Yurupari que estaba vivo. Y era oficio de las mujeres traer pepas del monte para los hombres que hacían los oficios domésticos.

Con el correr de los años se aburrieron por ser ellos los llamados hacer los quehaceres del hogar. Además Yurupari era hombre y las mujeres decían no estar con él. Una sola reunión fue suficiente para que los hombres acordaran únicamente el ir a la mañana siguiente a donde las mujeres acostumbradas al baño en el río, para quitarles el Yurupari. Todos ellos armados con adavi (bejuco rodeado de fibra que venia a constituir un verdadero azote, y palabra guaraní), fueron hasta el lugar en donde se encontraban las mujeres bañándose, y azotándolas con los adavi, las obligaron a entregar el yurupari a poder de los hombres.

Realizada la hazaña, se encaminaron al lugar donde se había quemado Yurupari y encontraron con gran sorpresa de todos, una mata de yuca brava, y miraron y era maní (guarani) o maniba (portugués) que es el palo de la yuca. L o arrancaron y vieron que era raíz de yuca e hicieron chicha como la que hacia Yurupari cuando vivía; y probaron la chicha y les supo perfectamente bien. Descubrieron pues, que era preparada con caldo de maní, llamado manicuera, exactamente como la preparaba el mismo Yurupari en vida. Esta manicuera era la misma sangre de Yurupari, es decir que la chicha es sangre de Yurupari poste se convirtió en yuca al ser quemado por Tupana. En esta reunión los hombres determinaron:

1) Prohibido a las mujeres conocer y volver a ver a Yurupari, porque al verlo, al instante este las matara. (para el efecto, los hombres han empleado todos los secretos y medios para dar a las mujeres la muerte, creyendo ellas que Yurupari quien las mata.

2) Los hombres niños de 12 años pueden conocer al Yurupari, bajo el siguiente requisito: someterse a una escuela de quince días en el monte, y bajo la dirección del payé, haciendo utensilios de casa: balayes, matafríos o chipichi (guarani), bancos, remos, etc.

Durante estos días serán azotados de madrugada con su adavi. Los peyés los aconsejaran así: después de ver a Yurupari serán hombres perfectos y podrán casarse. Todas éstas ceremonias las hacen los payés con humo de tabaco para que en los nuevos hombres todo quede en paz y tranquilidad. Hace el payé que sus instruidos comas ají para que se conserve la dentadura de ellos. Bajo pena de muerte no pueden descubrir a nadie el secreto del Yurupari. Una vez terminada la escuela, irán a la casa y se presentarán al papá y a la mamá porque ya son hombres que conocen el Yurupari además pueden casarse por saber hacer de todos los instrumentos necesarios para la casa.

Ese día se da un gran almuerzo al joven que llega y durante el mismo, entrega a sus padres los objetos que fabricó en la escuela. Con la aventura que realizó el hombre de apoderarse del Yurupari, éste domina totalmente y la mujer trabaja no duramente no solo en la casa, sino también en la chagra (huerta).


EL TATU Y SU CAPA DE FIESTA (Bolivia)


Las gaviotas andinas se habían encargado de llevar la noticia hasta los últimos rincones del Altiplano. Volando de un punto a otro, incansables, habían comunicado a todos que cuando la luna estuviera brillante y redonda, los animales estaban cordialmente invitados a una gran fiesta a orillas del lago. El Titicaca se alegraba cada vez que esto sucedía. Cada cual se preparaba con esmero para esta oportunidad. Se acicalaban y limpiaban sus plumajes y sus pieles con los mejores aceites especiales, para que resplandecieran y todos los admiraran. Todo esto lo sabía Tatú, él quirquincho, ya había asistido a algunas de estas fastuosas fiestas que su querido amigo Titicaca gustaba de organizar. En esta ocasión deseaba ir mejor que nunca, pues recientemente había sido nombrado integrante muy principal de la comunidad. Y comprendía bien lo que esto significaba... Él era responsable y digno. Esas debían haber sido las cualidades que se tuvieron en cuenta al darle este título honorífico que tanto lo honraba. Ahora deseaba íntimamente deslumbrarlos a todos y hacerlos sentir que no se habían equivocado en su elección. Todavía faltaban muchos días, pero en cuanto recibió la invitación se puso a tejer un manto nuevo, elegantísimo, para que nadie quedara sin advertir su presencia espectacular. Era conocido como buen tejedor, y se concentró en hacer una trama fina, fina, a tal punto, que recordaba algunas maravillosas telarañas de esas que se suspenden en el aire, entre rama y rama de los arbustos, luciendo su tejido extraordinario. Ya llevaba bastante adelantado, aunque el trabajo, a veces, se le hacia lento y penoso, cuando acertó a pasar cerca de su casa el zorro, que gustaba de meter siempre su nariz en lo que no le importaba. Al verlo, le preguntó con curiosidad que hacía y este le respondió que trabajaba en su capa para ponérsela el día de la fiesta en el lago, el zorro le respondió que como iba a alcanzar a terminarla si la fiesta era esa noche. El quirquincho pensó que había pasado el tiempo sin notarlo. Siempre le sucedía lo mismo... Calculaba mal las horas... Al pobre Tatú se le fue el alma a los pies. Una gruesa lágrima rodó por sus mejillas. Tanto prepararse para la ceremonia... El encuentro con sus amigos lo había imaginado distinto de lo que sería ahora. ¿Tendría fuerzas y tiempo para terminar su manto tan hermosamente comenzado? El zorro captó su desesperación, y sin decir más se alejó riendo entre dientes. Sin buscarlo había encontrado el modo de inquietar a alguien...y eso le producía un extraño placer. Tatú tendría que apurarse mucho si quería ir con vestido nuevo a la fiesta. Y así fue. Sus manitos continuaron el trabajo moviéndose con rapidez y destreza, pero debió recurrir a un truco para que le cundiera. Tomó hilos gruesos - 9 - y toscos que le hicieron avanzar más rápido. Pero, la belleza y finura iniciales del tejido se fueron perdiendo a medida que avanzaba y quedaba al descubierto una urdimbre más suelta. Finalmente todo estuvo listo y Tatú se engalanó para asistir a su fiesta. Entonces respiró hondo, y con un suspiro de alivio miró al cielo estirando sus extremidades para sacudirse el cansancio de tanto trabajo. En ese instante advirtió el engaño... ¡Si la luna todavía no estaba llena! Lo miraba curiosa desde sus tres cuartos de creciente... Un primer pensamiento de cólera contra el viejo zorro le cruzó su cabecita. Pero al mirar su manto nuevamente bajo la luz brillante que caía también de las estrellas, se dio cuenta de que, si bien no había quedado como él lo imaginara, de todos modos el resultado era de auténtica belleza y esplendor. No tendría para qué deshacerlo. Quizás así estaba mejor, más suelto y aireado en su parte final, lo cual le otorgaba un toque exótico y atractivo. El zorro se asombraría cuando lo viera... Y, además, no le guardaría rencor, porque sido su propia culpa creerle a alguien que tenía fama de travieso y juguetón. Simplemente él no podía resistir la tentación de andar burlándose de todos... y siempre encontraba alguna víctima. Pero esta vez todo salió bien: el zorro le había hecho un favor. Porque Tatú se lució efectivamente, y causó gran sensación con su manto nuevo cuando llegó, al
fin, el momento de su aparición triunfal en la fiesta de su amigo Titicaca.


EL ARMADILLO QUE APRENDIO A VOLAR (Peru)


Antiguamente, al principio de los tiempos, el armadillo (1) era como una persona. Vivía como los hombres. Al armadillo nosotros que vivimos en la selva le conocemos mejor por el nombre de carachupa (2). El armadillo, antes tenía su casa como los hombres, tomaba masato entre amigos como los hombres, trabajaba como los hombres. Uno de los mejores amigos del armadillo era el gallinazo, como tenía alas, sabía volar bien por el aire. Subía fácilmente a las alturas donde no había árboles, ni palos ni raíces ni piedras y por allí podía pasear tranquilo sin tropezarse con nada ni con nadie. Viendo esto, el armadillo dijo al gallinazo: -Cuñado, yo también quiero volar como tú y pasear por arriba tranquilo como veo que haces tú. El gallinazo respondiendo dijo así: - Está bien. Pero te voy a decir una cosa que no debes olvidar. Si tú deseas volar y pasear por arriba, no lo hagas cuando el sol esté encima y calienta fuerte. Cuando el sol aprieta y te empiece a quemar, bájate a tierra. Así podrás volar y pasear como yo hago. - Estoy de acuerdo, cuñado. Enséñame, pues , contestó el armadillo muy alegre. Entonces el gallinazo fabricó unas alas y se las puso al armadillo. Con cera de abeja se las pegó a los costados. Lo empujó para que volase, y el armadillo, dando un salto y moviendo las alas, se fue volando a las alturas. Mientras el armadillo volaba tranquilo por el aire, el sol subía lentamente por el cielo y empezaba a calentar. Pero él seguía volando, volando y volando. A las doce el sol estaba bien derechito. El sol apretaba mucho, quemaba. El armadillo, olvidando lo que le había avisado ,paseaba feliz. De pronto el gallinazo, la cera de las alas se despegaron. El armadillo desde bien alto cayó al fondo de un barranco. Al llegar al suelo, ¡tunk! Resonó en el bosque y el armadillo se hundió profundamente en la tierra. Entonces, sabiendo esto, así habló el gallinazo: - En adelante, cuando los hombres tengan hambre y salgan a mitayar (3) al encontrar un armadillo, se dirán: “vamos a matarlo y comerlo”. Y el gallinazo, escupiendo al suelo, aleteando se marchó a lo alto. Por eso, desde entonces, el armadillo o carachupa se esconde debajo de la tierra. Y huyendo pasa toda su vida. Así nos cuentan los viejos


1. Armadillo:  Vulgarmente es conocido en la selva del Alto Marañon por el nombre de carachupa-


2.Carachupa:  Es el nombre vulgar del armadillo.  Etimológicamente en quechua significa rabo sin pelo.


3. Mitayar: Salir al interior de la selva en busca de animales para matar y comer..


EL MITO DE LAS ESTRELLAS Y LOS HOMBRES (Peru)


Los antiguos mochicas se creían descendientes de cuatro estrellas primitivas o sea de dos parejas matrimoniales de astros, que habían procreado a todos los mundos. Era cuestión fuera de duda, para los primeros mochicas, que todo lo celestial tenía un exacto duplicado terreno. El aforismo cabalístico de "así como es arriba es abajo" era para ellos, un artículo de fe religiosa. En lo que respecta a sus creencias sobre los astros eran primitivas y restringidas. Así, por ejemplo, la Luna era más poderosa que el sol y también más útil, ya que se dejaba ver de noche y despejaba las tinieblas. Y se dejaba ver de noche especialmente para perseguir a los ladrones y castigarlos, puesto que era el vicio del robo a que ella más aborrecía. En segundo lugar veneraban al planeta Venus, a Sirio y a la constelación de las Pléyades o Siete Cabrías, que según sus creencias era la autora y creadora de todo el ganado cabrío, vigilando y cuidando del mejor desarrollo y conservación de los rebaños. Aquella doble pareja estelar, autora de todos los humanos, parece que estaba constituida por las estrellas de las constelaciones del Can Mayor y del pescado austral. Las dos estrellas más grandes y brillantes dieron origen a los nobles, a los principales, a los más inteligentes de los mochicas, mientras q de las otras dos estrellas, las más pálidas y pequeñas, procedieron los humildes, los tontos y los plebeyos. Por esto sólo los nobles podían desempeñar las más elevadas funciones del Estado, puesto que eran del mejor linaje celeste y estaban protegidos evidentemente por sus progenitores del cielo, estándoles reservado, a los de clase inferior, de acuerdo también con su origen, los cargos, oficios y menesteres de menor importancia. ¿cómo podría desempeñar, por ejemplo, el cargo de adivino o sacerdote público, un mochica que no tuviera a su favor un origen importante?. En caso contrario no existía la garantía nacional, la fe pública, ya que pesando sobre ellos la responsabilidad del pueblo y la vida propia del Estado, bien fuera en lo que respecta a las calamidades, a las enfermedades, a las guerras, a los hambres y los triunfos, y estando por su propio origen y descendencia, amparados por sus padres del cielo, no debieran equivocarse nunca. De esta manera los primeros habitantes de las tierras lambayecanas aseguraban la bondad de los cielos y adoraban a los astros, las lluvias, los vientos, el rayo, el relámpago, el trueno y las auroras, porque eran manifestaciones del amor o de la cólera divina


 


LOS DIOSES DE LA LUZ (Leyenda Mapuche)


 Antes de que los Mapuches descubrieran como hacer el fuego, vivían en grutas de la montaña; "casa de piedra", las llamaban.


    
Temerosos de las erupciones volcánicas y de los cataclismos, sus dioses y sus demonios eran luminosos. Entre estos, el poderoso Cheruve. Cuando se enojaba, llovían piedras y ríos de lava. A veces el Cheruve caía del cielo en forma de aerolito.


    Los Mapuches creían que sus antepasados revivían en la bóveda del cielo nocturno. Cada estrella era un antiguo abuelo iluminado que cazaba avestruces entre las galaxias.


    El Sol y la Luna daban vida a la Tierra como dioses buenos. Los llamaban Padre y Madre. Cada vez que salía el Sol, los saludaban. La Luna, al parecer cada veintiocho días, dividía el tiempo en meses.


    Al no tener fuego, porque no sabían encenderlo, devoraban crudos sus alimentos; para abrigarse en tiempo frío, se apiñaban en las noches con sus animales, perros salvajes y llamas que habían domesticado.


    Tenían horror a la oscuridad, era sigo de enfermedad y muerte.


    Se imaginaban cosas terribles.


    En una de esas grutas vivía una familia: Caleu, el padre, Mallén, la madre y Licán, la hijita.


    Una noche, Caleu se atrevió a mirar el cielo de sus antepasados y vió un signo nuevo, extraño, en el poniente: una enorme estrella con una cabellera dorada.


    Preocupado, no dijo nada a su mujer y tampoco a los indios que vivían en las grutas cercanas.


    Aquella luz celestial se parecía a la de los volcanes, ¿traería desgracias?, ¿quemaría los bosques?. Aunque Caleu guardó silencio, no tardaron en verla los demás indios. Hicieron reuniones para discutir que podría significar el hermosos signo del cielo. Decidieron vigilar por turno junto a sus grutas.


    El verano estaba llegando a su fin y las mujeres subieron una mañana muy temprano a buscar frutos de los bosques para tener comida en el tiempo frío.


    Mallén y su hijita Licán treparon también a la montaña.


    -Traeremos piñones dorados y avellanas rojas -dijo Mallén.


    -Traeremos raíces y pepinos del copihue -agregó Licán


    La niña acompaño otras veces a su madre en estas excursiones y se sentía feliz.


    -Vuelvan antes de que caiga la noche -les advirtió Caleu.


    -Si nos sorprende la noche, nos refugiaremos en una gruta que hay allá arriba, en los bosques -lo tranquilizó Mallén.


    Las mujeres llevaban canastos tejidos con enredaderas. Parecía una procesión de choroyes, conversando y riendo todo el camino.


    Allá arriba había gigantescas araucarias que dejaban caer lluvias de piñones. Y los avellanos lucían sus frutas redondas, pequeñas, rojas unas, color violeta y negras otras, según iban madurando.

    No supieron cómo pasaron las horas. El Sol empezó a bajar y cuando se dieron cuenta, estaba por ocultarse.


    Asustadas, las mujeres se echaron los canastos a la espalda y tomaron a sus niños de la mano.


    -¡Bajemos, bajemos! -se gritaban unas a otras.


    -No tendremos tiempo. Nos pillará la noche y en la oscuridad nos perderemos para siempre -advirtió Mallén.


    -¿Qué haremos entonces? -dijo la abuela Collalla, que no por ser la más vieja, era la más valiente.


    -Yo sé donde hay una gruta por aquí cerca, no tenga miedo, abuela -dijo Mallén.


    Guió a las mujeres con sus niños por un sendero rocoso. Sin embargo, al llegar a la gruta, ya era de noche. Vieron en el cielo del poniente la gran estrella con su cola dorada.


    La abuela Collalla se asustó mucho. -Esa estrella nos trae un mensaje de nuestros antepasados que viven en la bóveda del cielo -exclamó.


    Licán se aferró a las faldas de su madre y lo mismo hicieron los demás niños.


    -Vamos, entremos a la gruta y dormiremos bien juntas para que se nos pase el miedo -dijo Mallén.


    -Eso sería lo mejor, murmuró Collalla, temblorosa.


    Ella conocía viejas historias, había visto reventarse volcanes, derrumbarse montañas, inundaciones, incendios de bosques enteros.


    No bien entraron a la gruta, un profundo ruido subterráneo las hizo abrazarse invocando al Sol y la Luna, sus espíritus protectores.


    Al ruido siguió un espantoso temblor que hizo caer cascajos del techo de la gruta. El grupo se arrinconó, aterrorizado.


    Cuando pasó el terremoto, la montaña siguió estremeciéndose como el cuerpo de un animal nervioso.


    Las mujeres palparon a sus hijos, no, nadie estaba herido. Respiraron un poco y miraron hacia las boca blanquecina de la gruta: por delante de ella cayó una lluvia de piedras que al chocar echaban chispas.


    -¡Miren! -gritó Collalla. ¡Piedras de luz! Nuestros antepasados nos mandan este regalo.


    Cómo luciérnagas de un instante, las piedras rodaron cerro abajo y con sus chispas encendieron un enorme coihue seco que se erguía al fondo de una quebrada.


    El fuego iluminó la noche y las mujeres se tranquilizaron al ver la luz.


    -La estrella con su espíritu protector mandó el fuego para que no tengamos miedo -dijo la abuela Collalla riendo.


    Niños y mujeres también rieron, aplaudiendo el fuego.


    El grupo silencioso contempló las llamas como si fueran el mismo Padre Sol que hubiera venido a acompañarlas.


    Se sentaron junto a la gruta, oyendo crepitar las llamas como música desconocida.


    Al rato, llegaron los hombres desafiando las tinieblas por buscar a sus niños y mujeres.


    Caleu se acercó al incendio y cogió una llama ardiente; los otros lo imitaron y una procesión centelleante bajó de los cerros hasta sus casas.


    Por el camino iban encendiendo otras ramas para guiarse.


    Al otro día, oyendo el relato de las piedras que lanzaban chispas, los indios subieron a recogerlas y al frotarlas junto a ramas secas lograron encender pequeñas fogatas.
 
    Habían descubierto el pedernal. Habían descubrieron cómo hacer el fuego.


    Desde entonces, los Mapuches tuvieron fuego para alumbrar sus noches, calentarse y cocer sus alimentos.


LAS LAMPARITAS DEL BOSQUE (leyenda mapuche)


En una profunda caverna, cerca del cráter de un volcán, vivía el Gran Brujo, atormentado por sus maldades. Era corno el jefe de los brujos menores y de los brujitos. Pasaba inventando diabluras más o menos graves. La gente de los valles le terna miedo porque creían que era el causante de todas sus enfermedades y de la muerte de sus rebaños de llamas y guanacos y de sus aves de corral.

Muchas veces sucedían desgracias de las que el Brujo era inocente; pero de todas maneras él y sólo él sembraba la mala suerte en los campos. Para tenerlo contento, le dejaban afuera de sus rucas cántaros llenos de "mudái", especie de chicha que al Gran Brujo le encantaba.
Cuando la noche estaba más oscura, solía bajar de la cumbre montado en una ventolera. Al pasar por lo más espeso del bosque encendía miles de lamparitas rojas con el fuego que traía del volcán, y así no perder el camino de vuelta. -Vendré muy borracho -murmuraba para sí- y las luces me guiarán hasta mi caverna. El Brujo no se medía para tomar. Vaciaba jarro tras jarro de chicha hasta que no se daba cuenta ni por dónde andaba. Era la única manera de olvidar todas las maldades que hacía y la rabia que se le retorcía como culebra en el corazón. Esta rabia no tenía explicación; tal vez fuera la semilla de su propia brujería. El mudái lo hacía volar dulcemente en torno a las rucas y cantaba unas canciones muy tontas y desafinadas:


Soy un gorgorito


que se lleva el viento


y tengo cosquillas


de puro contento.



Hasta los niños, envueltos en sus mantas, despertaban y se reían del Brujo. Sabían que estando borracho no hacía daño a nadie. Y las risas infantiles caían como agua pura en el alma negra del Brujo; sentía una alegría rara al escucharlas, una especie de felicidad que le recordaba bosques vírgenes, frutos maravillosos, el nacimiento de las vertientes, que conoció cuando él era un recién nacido y no había hecho ninguna maldad todavía. Entonces se preguntaba -¿Por qué tuve que ser malo? Ay, mi madre fue una serpiente y mi padre un diablo, ¿qué otra cosa podía ser yo sino un malvado brujo? Y luego añadía con sonrisa lagrimosa: -Pero nací bueno... Lo recuerdo. Y como los borrachos pasan de la risa al llanto sin motivo, el Brujo se ponía a llorar sin consuelo y regresaba con lentos bamboleos a su casa. Y en el camino de vuelta, olvidábase de apagar las lamparitas que dejara colgando de los ramajes igual que campanillas. Así, durante casi todo el año, la selva lucía hermosas luminarias, hasta que llegaba el invierno con sus lluvias interminables. Una a una las luces se iban apagando y el Brujo, al no tener guía, se ponía a dormir todas sus borracheras en el corazón caliente del volcán. Los hombres y los animales descansaban de males y terrores. De este modo pasaron muchos soles y lluvias y el Brujo, con su mala voluntad, se puso más y más perverso. También se puso más tonto; y un tonto malo y poderoso es el peor azote que pueden tener los hombres y los seres de la naturaleza. Y sucedió que un año llovió más de la cuenta y el verano se atrasó. El Brujo tuvo que esperar para encender sus lámparas y como le hacía falta su bebida favorita, se puso de un genio espantoso. Aullaba en la cima de la montaña, arrojando piedras y cenizas. Su amigo, el gigante Cheruve, hacia otro tanto, lanzando lava y agua hirviendo a los valles, y robando niñas pequeñas para comérselas. Cuando por fin llegó el buen tiempo, hubo más lamparitas que otras veces en el bosque. Y el Brujo, al no encontrar toda la bebida que necesitaba para apagar su tremenda sed, se vengó de los campesinos enterrando sus dedos negros en las siembras de papas. -¡Qué peste más terrible!- se quejaban las mujeres al recoger las cosechas y encontrar las papas podridas-. ¿Qué comeremos este año? Y pensaban en sus niños que pasarían hambre. Se reunieron los jefes y dueños de las tierras para decidir qué hacer con el malvado Brujo. El más joven dijo: -Dejémosle el mudái junto a los matorrales; nosotros estaremos escondidos ahí y cuando esté borracho, le damos la paliza. A ver si así no regresa.

Algunos dijeron que sí y otros que era muy peligroso apalear al Brujo, porque podía convertirlos en ranas o en peces. -¡Y hasta en piedras! - gritó otro más miedoso. El de mediana edad aconsejó: -Le pondremos algo amargo como el natre en la chicha, una yerba que le dé dolor de estómago y le quite para siempre las ganas de tomarla. Pero también hubo razones en contra: al no hallar la bebida de su gusto, podría vengarse de manera terrible, robando los animales o matándolos. Entonces habló el más anciano: -Creo que tendremos que juntarnos todas las criaturas de la Tierra para ganarle al gran Brujo del demonio. Quiero decir que tenemos que reunirnos con nuestros animales protectores del aire, de la tierra y del agua. Y también será necesario invocar a los buenos espíritus de las selvas. Entre todos, tal vez podamos echarlo para siempre de nuestros valles. Esta vez los jefes, los campesinos y los jóvenes estuvieron de acuerdo. -La violencia nunca es una solución -concluyó el anciano-, un golpe acarrea tarde o temprano otro golpe; pero actuar unidos y con astucia traerá un buen final. Cada familia se preocupó de hablar con su animal protector. Y unos acudieron a las colinas para conversar con el Guanaco y otros a las selvas para hablar con el Puma. Los de la orilla del mar conferenciaron con los Delfines y los de la montaña, con el Águila Blanca. Los que habitaban cerca de las selvas se internaron para comunicarse con los espíritus de los árboles, cuyos pensamientos son profundos como raíces y amplios como sombras. El espíritu del Canelo aconsejó lo más sabio: -El Brujo de la montaña necesita sus lámparas para no perderse en la espesura de la selva; si se las quitamos, no podrá atravesar los bosques y no sabrá encontrar los senderos hacia los valles. Sólo así nos dejará en paz. Los hombres y los animales consideraron que el Canelo había dado la solución mejor y más sencilla. Y además, no encerraba ninguna violencia. En seguida se pusieron a planear lo que cada uno tendría que hacer para arrebatar al Brujo sus lamparitas. Los campesinos juntarían cientos de jarros de chicha para emborracharlo por largo tiempo. Después de mucho beber, el Brujo regresaría a través del bosque tan mareado y cegatón, que sería muy fácil confundirlo y cada hombre, cada niño y animal escondería una de las brillantes luces, dejando al malvado a oscuras para siempre. Ese mismo día las mujeres y las niñas se pusieron a fabricar grandes cantidades de la bebida favorita del Brujo. Jarros y jarros de greda se pusieron a fermentar y el olor del mudái llenaba el aire y se lo llevaba el viento hasta la montaña. Porque el viento también quiso participar en la guerra contra el que hacía tanto daño.

En torno a cada ruca se alinearon los cántaros llenos hasta los bordes. Allá, en su gruta, el Brujo, aún dormido, empezó a oler el agrio perfume con que el viento le hacía cosquillas, envolviéndolo de la cabeza a los pies. No tardó en despertar, sediento: -¡Qué olores suben del valle! ¡Aaaah! Esos infelices aprendieron bien la lección que les di, al pudrirles sus cosechas de papas. Llevaré un buen fuego para mis lámparas, porque esta vez sí que la borrachera será grande. Pidió a su amigo, el Cheruve, que le prestara una de sus teas y a cambio él le traería una indiecita para la comida. ¿Qué más se quería el gigante? Bajó entonces el Brujo agitando su fuego como bandera, de modo que los que estaban esperándolo se pusieron alerta. Encendió lámparas iluminando cada sendero del bosque para tener seguras las huellas a su regreso. Y luego se dirigió hacia los cientos de cántaros que rodeaban las rucas. -Nunca he probado un mudái tan delicioso como éste exclamó el Brujo, tragando sin parar-. La próxima vez apestaré todos los manzanos, porque veo que da buen resultado el maltrato. Ni por un instante se le pasó por la cabeza que tanto jarro lleno pudiera ser trampa. Poco antes del amanecer, cuando la noche es más oscura y tranquila, porque todos los seres, aun los nocturnos, reposan, el Brujo inició su regreso, olvidando por cierto la indiecita prometida al Cheruve. A medida que se internaba en el bosque, iban desapareciendo una a una las lamparitas que dejara encendidas. -Vaya, ¿qué pasa con mis luces? -gritó con una voz que parecía salirle de las orejas, tan mareado se sentía. Unas ligeras risas y murmullos sonaron aquí y allá. -¿Quién se ríe? ¡Ya verán! -aulló furioso, dándose encontrones con las ramas. Los guanacos escondieron las luces detrás de sus cabezas, los venados, entre sus astas, los pumas, con sus anchas patas, las águilas, con sus alas, los hombres, bajo sus mantas. Y los niños huían por todas partes, como luciérnagas risueñas, llevando entre sus manos una radiante lamparita. Hasta las truchas de los riachuelos jugaron a beberse los reflejos, iluminándose en el agua como fuegos fatuos. El Brujo suplicó que le devolvieran sus luces, dándose cuenta de que si conseguían arrebatárselas, estaba perdido. Pero los espíritus protectores se negaron, porque no se puede creer en las promesas de un borracho. Solamente logró que los pensamientos de los árboles guiaran hasta su gruta, donde a pesar de su derrota y de la rabia que le hervía en la cabeza, cayó al suelo echando humos alcohólicos por boca y orejas. Nunca más pudo bajar a los valles a hacer daño a los hombres y a las criaturas humildes. Nunca más el Cheruve le prestó una tea de fuego por no haberle llevado una indiecita. Pero aquellas luces que entre todos le quitaron, vuelven a iluminar cada año los senderos y son las flores del copihue que cuelgan de los ramajes de la selva como campanitas.


Vocabulario:


Mudai: Vocablo mapuche para designar una bebida alcohólica hecha, generalmente, en base a manzana. Otros pueblos autóctonos, le llaman chicha. Canelo: Árbol sagrado de los Mapuches. Natre: Arbusto muy amargo. Copihue: Planta trepadora del sur de Chile, que da flores acampanadas de color rojo. También hay variedades blancas y rosadas, pero escasas. Es la flor nacional de Chile.



LOS HUICHOLES Y EL MAIZ  (Mexico)


Los huicholes estaban cansados de comer cosas que no les gustaban.
Querían alguna cosa que pudieran comer todos los días, pero de maneras diferentes.
Un joven huichol oyó hablar del maíz y de sus famosos mets, unas tortillas, los chilaquiles y la sopa de tortilla que se preparaba con este cereal.
Pero el maíz se encontraba muy lejos, al otro costado de la montaña. Eso no lo desalentó y se puso en marcha.

Al cabo de poco tiempo vio una hilera de hormigas y como él sabía que ciertas de ellas eran las guardianas del maíz, las siguió.
Pero cuando el joven se durmió, las hormigas, sin ningún problema, se devoraron todas sus vestimentas, dejándolo sólo con su arco y sus flechas.
Sin ropas y hambriento el huichol se puso a lamentar. Fue entonces que un pájaro se posó sobre un árbol próximo. El joven apuntó su arco sobre él, pero el pájaro le regañó y le dijo que ella era la Madre del maíz. Lo invitó a seguirla hasta la Casa del Maíz donde ella lo autorizaría a tomar todo lo que él buscaba.

En la Casa de Maíz se encontraban cinco bellas doncellas, las hijas de la Madre del Maíz: Mazorca Blanca, Mazorca Azul, Mazorca Amarilla, Mazorca Roja y Mazorca Negra.
Mazorca Azul lo encantó con su belleza y su dulzura. Se casaron y volvieron a la villa Huichol.
Como él no tenía aún casa, durmieron un tiempo en un lugar dedicado a los dioses.
Después, como por encantamiento, la casa de los recién casados se llenaba cada día de espigas que la decoraban como flores.
Las gentes venían de todas partes porque Mazorca Azul les ofrecía espigas a manos llenas.
La bella esposa enseñó a su marido a sembrar el maíz y a cuidar los cultivos. Enterándose qué delicias ofrecía este nuevo alimento, los animales intentaron robarle. Mazorca Azul enseñó a las gentes a colocar fuego alrededor de los cultivos para espantar a las bestias en busca de espigas tiernas.

Los Ancianos cuentan que Mazorca Azul, después de haber enseñado todo lo que ella sabía, se molió ella misma y es de esta forma que los hombres conocieron el excelente atole, una bebida caliente que se prepara con granos de maíz.


 


EL SOL Y LA LUNA  (Mexico)


El primer Sol, el Sol del Tigre, nació en 955 a.c. Pero al final de un largo período de 676 años, el Sol y los hombres fueron devorados por los tigres.
El segundo Sol era el del viento. Él fue llevado por el viento y todos los que vivían sobre la tierra, y quienes se colgaban de los árboles para resistir a la tempestad se transformaron en monos.
Vino a continuación el tercer Sol, el sol de la Lluvia. Una lluvia de fuego se abatió sobre la tierra, y los hombres se transformaron en pavos.
El cuarto Sol, el sol de Agua, fue destruido por las inundaciones. Todos los que vivían en esta época se transformaron en peces.
El agua recubrió todo durante 52 años.

Pensativos, los dioses se reunieron en Teotihuacan:
- Quién se va a encargar ahora de traer la aurora sobre la tierra?
El Señor de los Caracoles, célebre por su fuerza y su belleza, hizo un paso adelante:
- Yo seré el sol, dijo él.
- Alguien más?
Silencio.
Todos miraron al Pequeño Dios Sifilítico, el más feo y desafortunado de los dioses, y decidieron:
- Tú.
El Señor de los Caracoles y el Pequeño Dios Sifilítico se retiraron a las montañas, que hoy son las pirámides del Sol y de la Luna. Allá, en ayunas, meditaron.
Luego los dioses formaron un inmensa hoguera, contemplaron el fuego y los llamaron.
El Pequeño Dios Sifilítico tomó impulso y se tiró a las llamas. Resurgió enseguida después y se elevó, incandescente, en el cielo.
El Señor de los Caracoles miró la hoguera ardiente, el seño fruncido. Avanzó, retrocedió, se detuvo, dio varias vueltas. Como no se decidía, exasperados, los dioses lo empujaron. Pero antes de que se elevara en el cielo, los dioses, furiosos, lo abofetearon y le pegaron en la cara con un conejo, tanto que le retiraron su resplandor.
Fue así que el arrogante Señor de los Caracoles se volvió la Luna. Las manchas de la Luna son las cicatrices de su castigo.

Pero el Sol resplandeciente no se movía.
El gavilán de obsidiana voló hacia el Pequeño Dios Sifilítico y le preguntó:
- Por qué no te mueves?
Y respondió, él, el menospreciado, el purulento, el jorobado, el cojo:
- Porque yo quiero la sangre y el reino.

Este quinto Sol, el Sol del Movimiento, iluminó a los toltecas e iluminó a los aztecas. Tenía garras y se alimentaba de corazones humanos.


 


LA MONTAÑA DE MAIZ (México)


Los dioses se preguntaron lo que podrían comer los hombres.
Un día, Quetzalcoatl encontró una hormiga roja en los alrededores de Teotihuacan. La hormiga llevaba un grano de maíz.
Muy interesado, Quetzalcoatl le preguntó dónde ella lo había encontrado. En un primer momento, la hormiga hizo como si nada pasara y prosiguió su ruta. Pero frente a la insistencia del dios ella respondió que lo había extraído de la "Montaña de Nuestra Alimentación" y lo invitó a seguirla.
Pero Quetzalcoatl era demasiado grande para entrar en este lugar como las otras hormigas. Entonces él debió recurrir a la magia y se transformó en hormiga negra. La hormiga roja lo esperaba en el interior, y lo guió hasta el lugar donde se encontraban montones y montones de maíz.
Después ella lo ayudó a recoger suficientes granos para compartir con los otros dioses. El gran Quetzalcoatl le agradeció y se fue.
Quetzalcoatl llevó el maíz a los otros dioses quienes, más tarde, lo dieron a comer a los hombres. El alimento era bueno. Había necesidad de más maíz, pero era una tarea fatigante transformarse en hormiga para llevar los granos poco a poco.
Quetzalcoatl intentó llevarse la "Montaña" entera pero no tuvo éxito. Los dioses pidieron entonces la ayuda al adivino Oxomo y su mujer Cipactonal para que ellos adivinen la suerte. Ellos le revelaron que si Nanahuatl lanzaba el rayo, la "Montaña de Nuestra Alimentación" permanecería abierta. Los Tlatocas (dioses de la lluvia) descendieron y comenzó a llover


 

sábado, 1 de mayo de 2010

ANTONIO TORMO








Cuando se asoma alegre el sol
sobre los campos del talar
junto a la vía
van los linyeras

llevando como el caracol
la casa a cuestas y el azar
van los gitanos
todos los días

ellos no saben del dolor
y en cada boca hay un cantar
que a gritos dicen
sus alegrías

indiferentes al amor
y en el eterno trajinar
ellos desechan
melancolía

cuando se asoma alegre el sol
sobre los campos del talar
van los linyeras
todos los días

y al pasar se oye un peón
entonar esta canción

linyera soy
corro el mundo y no sé a dónde voy
linyera soy
lo que gano lo gasto, lo doy
no sé llorar
ni en la vida deseo triunfar
no tengo norte
no tengo guía
para mí todo es igual











































































































Antonio Tormo
Antonio Tormo.JPG
Antonio Tormo
Información personal
Nombre realAntonio Tormo
Nacimiento18 de septiembre de 1913
OrigenGeneral Gutiérrez (Mendoza) Bandera de Argentina Argentina
Muerte15 de noviembre de 2003 (90 años)
OcupaciónMúsico, poeta, compositor
Información artística
AliasEl cantor de las cosas nuestras, El cantor de los cabecitas
Género(s)Folklore argentino
Período de actividad1930-2000
Sencillo más exitoso"El rancho 'e la Cambicha", "Amémonos", "La canción del linyera"
Discográfica(s)RCA Víctor
Artistas relacionadosBuenaventura Luna, La Tropilla de Huachi Pampa, Diego Canales, Eduardo Falú
Web
Sitio webantoniotormo.com.ar

Antonio Tormo (1913-2003) fue un cantante argentino de música folklórica de Argentina. En la década de 1930 integró La Tropilla de Huachi Pampa, uno de los primeros en tener éxito masivo, donde cantaba a dúo con Diego Canales. Con los Huachi Pampa, a fines de la década de 1930 cantó en El fogón de los arrieros, el primer programa radial de música folklórica de alcance nacional. En 1950 grabó el simple "El rancho 'e la Cambicha"  que se convirtió en el mayor éxito de la historia musical de la  Argentina, vendiendo 5 millones de unidades. En 1955 fue prohibido por  la dictadura militar autodenominada Revolución Libertadora.

Antonio Tormo, hijo de padres valencianos, nació el 18 de septiembre de 1913 en General Gutiérrez, localidad del Departamento Maipú, de la provincia de Mendoza, en una de las casas de la bodega Giol, en donde trabajaba su padre, fallecido antes de su nacimiento. Realizó sus estudios secundarios en San Juan, donde se recibió como tonelero.

A comienzos de la década de 1930, comienza a trabajar en el mismo puesto de trabajo que ocupara su padre en la bodega Giol, viviendo en la casa de Diego Manuel Benítez, quien adoptaría el nombre artístico de Diego Canale, y con quien formó él Dúo Tormo-Canales para cantar en fiestas familiares, obteniendo un contrato en LV10, Radio de Cuyo, sin dejar de trabajar en la bodega. En 1934, ambos se trasladaron a San Juan, para trabajar en la bodega El Globo, actuando simultáneamente en Radio Graffigna (LV1).

En 1937 el dúo se traslada a Buenos Aires donde conocen a Buenaventura Luna, aún conocido con su nombre de nacimiento Eusebio de Jesús Dojorti, con quien integran el grupo La Tropilla de Huachi Pampa, junto también a Remberto Narváez, José Samuel Báez y el Zarco Alejo (José Castorina). El 1 de octubre de 1937 debutaron en Radio El Mundo de Buenos Aires, abriendo camino a la difusión masiva de la música folklórica, éxito que llevó a la emisora a poner en el aire en 1939, "El Fogón de los Arrieros", conducido por Buenaventura Luna y con la actuación del conjunto y con el auspicio de cigarrillos Caravana.[1] [2]

En 1942 la La Tropilla Huachi Pampa se separa. Tormo se radica en San Juan con la intención de dejar el canto profesional. Trabaja como bicicletero en un negocio abierto por sus hermanos, puesto que las bodegas habían sido destruidas por el gran terremoto de 1944 y ya no se podía vivir de la tonelería. En 1945 se casó con Elena Casella y comenzó a actuar en Radio Aconcagua, con gran éxito de público y audiencia. En 1947 retorna a Buenos Aires, donde es contratado primero por Radio Splendid y luego por Radio Belgrano. Ese mismo año grabó varios simples en RCA Víctor, el primero de los cuales fue "El Jarillero" y "Ay que se va".[3] Incluido en esa serie inicial de discos sencillos, el vals "Cuando no me quieras", tuvo gran difusión en Colombia, constituyéndose en el primer éxito de Tormo.[1]

En 1949 grabó "Los ejes de mi carreta" de Atahualpa Yupanqui y "Amémonos", y éste último se convirtió en un gran suceso, vendiendo más de un millón de unidades. Sus discos comenzaron a tener una importante difusión también en Uruguay y, sobre todo Chile, adonde viajó ese mismo año, alcanzando el primer puesto de ventas con su simple "Mis Harapos" y "Mama vieja".[1]

En 1950 grabó "El rancho 'e la Cambicha", que vendió 5 millones de copias, convirtiéndose en el disco más vendido de la historia argentina y que dio inicio al llamado boom del folklore.[1]

Desde entonces Tormo comenzó a ser llamado el cantor de los cabecitas, en referencia a los cabecitas negras, apodo despectivo que utilizaban las clases medias y altas de Buenos Aires para designar a los migrantes provenientes de las provincias, que se trasladan masivamente a la capital del país para trabajar en las fábricas. El éxito de Antonio Tormo fue tal que a los migrantes internos de extracción popular los llamaban también "veinte y veinte", aludiendo al hecho de que cuando entraban a los almacenes en los que había pasadiscos gastaban veinte centavos en una pizza y otros veinte para oir discos de Tormo.[1]
Yo me transformé en el vocero del cabecita; del chico provinciano que venía a Buenos Aires a trabajar.
Antonio Tormo (2002)[4]


En 1955, cuando era el cantante más popular del país, sería prohibido por la dictadura militar autodenominada Revolución Libertadora. A partir de entonces, una censura más o menos directa se impuso sobre las grabaciones de Antonio Tormo durante casi 30 años. Con la recuperación de la democracia en 1983, cesó toda censura sobre Tormo, siendo reivindicado.[1]

En 1993, en ocasión de cumplir 80 años, recibió una gran cantidad de reconocimientos como su designación como Ciudadano Ilustre de la Ciudad de San Juan; Benefactor de la Cultura y Tradición Sanjuanina, por el Congreso de esa provincia; la designación de una calle con su nombre en la Ciudad de Panquehua (Mendoza); el Premio ACE por su vigencia; y finalmente, la Medalla y Diploma de Honor en homenaje a su vasta trayectoria, entregada la Cámara de Senadores de la Nación.[1]

La última grabación oficial registrada fue junto al internacional grupo de rock mendocino Karamelo Santo, haciendo juntos una versión del Rancho De La Cambicha y Entre Mendoza y San Juan. Esta última editada en el Cd "La Chamarrita" año 2005 por Benditas Producciones.

Desde entonces los premios y reconocimientos se multiplicaron. Falleció a los 90 años, el 15 de noviembre de 2003.

Definiciones


Su coprovinciano y poeta Armando Tejada Gómez, lo llamó el cantor de las cosas nuestras, apodo con el que se lo conoce de modo general.[1] En 1991, Tejada Gómez se refirió a Antonio Tormo del siguiente modo:
La voz del poeta fue en la ocasión la voz del pueblo que creció a la par de Antonio y clavaba el dial en radio Belgrano para escuchar esa campana terrestre que se llamaba Antonio Tormo, de oficio tonelero, hombre de trabajo pesado al que un día allá en los valles se le instaló el sueño del canto y comenzó a cantar entre la gente y fue la gente la que hizo un tormo. Porque Tormo es un amasijo popular, una escultura hecha por su propio pueblo al que respondió sin dar jamás un paso atrás. Cantó todo lo que tenía que cantar.